"APÚNTALO EN UN CORCHO Y TÍRALO A LA MAR"

    Esta frase es una de las que tienen vigencia actualmente, empleándose por lo tanto con frecuencia. Es una frase que como muchas otras usa una terminología marinera, suponiéndose inventada por los pescadores.

    Hoy día, en las compras cotidianas, el fiado no existe, casi toso se compra al contado; pero en los años posteriores a la guerra, e incluso en épocas anteriores, cada familia tenía su doble libreta para apuntar todo lo que se llevaban, hasta la recolección de determinado producto del campo, de la venida de los almadraberos, de que aquí hubiera una campaña de pesca buena, o hasta tanto no cobraran en los trabajos si es que lo hacían por meses. Las dobles libretas eran: Una para el cliente y otra para el dueño del comercio. Así se evitaban las suspicacias y que los dueños de los comercios pudieran apuntar más de la cuenta.

    Como es natural, entre los clientes que se llevaban de fiado, había algunos con malas cuentas, que dejaban la trampa y no pagaban, teniendo que cambiar de comercio. La mala reputación que como pagadores adquirían, corría de boca en boca, llegando a veces el punto que al tramposo o a la tramposa se le cerraban todas las puertas de los distintos comercios, y que si querían comer, tenían que comprar al contado. ¡Ah!, le estás dando fiado a esta cliente, pues... "apúntalo en un corcho y tíralo a la mar". A continuación iban dando pelos y señales de todos aquellos comercios donde habían dejado las trampas.

    Hoy día, aunque no es habitual comprar de fiado los alimentos y los productos cotidiano; sin embargo hay otras compras que si compran fiados o a plazos, por confiar el comerciante en el cliente, y que en numerosas ocasiones deja enganchado al comerciante que ignoraba las malas cuentas del cliente tramposo; aunque la esperanza de cobrar no la pierda nunca. Al hablar con algún amigo que sí que conocía al cliente en cuestión, puede que le diga: "Apúntalo en un corcho y tíralo a la mar", que quiere decir que pierda la esperanza de cobrar dicha cuenta, que es incobrable y que por lo tanto nunca llegará a cobrar.