" ¡VAMOS CON DIOS! "

   Entre los pescadores de mitad de siglo, existía la figura del "llamaor". Este era el encargado de avisar a todos los marineros que componían la tripulación del barco, cuando iban a salir a pescar. En aquella época casi nadie tenía reloj. Lo mismo avisaba por la tarde que de madrugada. Algunas veces, por el estado de la mar, no podían salir a primeras horas; pero luego, a lo mejor, a las dos o tres de la madrugada, el temporal amainaba y el patrón decidía salir a pescar. Este avisaba al "llamaor", que era el que se encargaba de ir casa por casa avisando al resto de la tripulación. Por esta misión, el "llamaor" recibía un sobresueldo, que consistía en una cuarta parte más, conocida entre los pescadores como cuartón. Eran los tiempos en que los pescadores, no estaban sujetos a sueldos. El importe de la pesca se repartía en dos partes iguales: una para el armador, y la otra a repartir entre los tripulantes de la embarcación. Dentro de la tripulación existían categorías: el patrón, el motorista y el "llamaor", que por lo tanto eran los que más cobraban.

   Cuando el "llamaor" llegaba a altas horas de la noche y tocaba en las puertas, al preguntar el llamado que quién era, el "llamaor" contestaba: - ¡Vamos con Dios!-, y con la Virgen del Carmen contestaba el llamado. De ahí a otra casa. Era el santo y seña de los pescadores. Al poco rato estaban todos en el Puerto preparados para salir a la mar. Todavía recuerdo, cómo en el silencio de las noches, se escuchaban a los llamaores avisando a Bienvenido, Juan Perrera y a otros, con el "¡vamos con Dios!".

   Esta frase de "Vamos con Dios" se emplea en la actualidad, cuando queremos avisar a alguien para ir a algún sitio o hacer algo; claro está, que esto sólo ocurre entre las personas de alguna edad, que conocieron aquellos tiempos, y como tantas otras, se usa en sentido figurado.